Galonerías: el arte militar

 Por José Antonio Mendizábal

 Este artículo fue publicado en la edición 29 del periódico 1900 en mayo de 1997

PDiaz[1]

Porrfirio Díaz, presidente de México por un largo período entre el siglo XIX y el XX, lucía casacas colmadas de galones y medallas.

En uno de los tantos paseos que me gusta hacer por el ahora llamado Centro Histórico de la ciudad, encontré un letrero muy curioso que rezaba: «Galonería». «¿Galonería?», me pregunté, «¿qué diablos es una Galonería?». Como era domingo no lo pude averiguar de momento, pero me quedé con el gusanito de saber y un día entre semana me fui a dar una vuelta para satisfacer mi curiosidad.

 Buscando en el diccionario para ver si salía de la duda, encontré que el término «galón» deriva de la palabra francesa galon, la cual significa:…«cinta tejida con hilos de lana y seda entre los cuales se traman hilos de oro y plata y que se usa para adornar uniformes y otro tipo de vestiduras». También se catalogaba como «distintivo o insignia que se lleva en el brazo o en la bocamanga de los uniformes de los ejércitos o de cualquier otra fuerza organizada».

Explorando un poco más, busqué lo que significaba «insignia» y encontré la siguiente descripción: «señal distintiva o divisa honorífica; emblema en forma de placa que se lleva en el pecho o la solapa para distinguir un grado o la pertenencia a alguna asociación o corporación militar. También las banderas y los estandartes se consideran insignias».

Un poco de historia

Insignias_de_la_Orden_Imperial_de_Guadalupe[1]

Litografía de las Insignias de la Orden Imperial de Guadalupe Agustín I de México, Emperador Constitucional. (Foto: Wikipedia)

Como mi curiosidad no quedó totalmente satisfecha con estos datos, decidí buscar un poco más y me topé con la sorpresa de que en casa de uno de mis abuelos había un viejo libro sobre el tema. Por él me enteré de que el uso de los distintivos tiene una larga historia, ya que desde los tiempos de los faraones, en Egipto, se empleaban en forma de collares. De ellos colgaban las figuras de diversos animales como halcones, leones, perros y gatos. Averigüé también que los griegos y los romanos las usaban para distinguir las facciones de sus tropas y ejecutar sus movimientos estratégicos. En el México prehispánico, los pueblos indígenas hicieron uso de brazaletes, pectorales, penachos, cascos y máscaras para caracterizar los diferentes rangos militares y sacerdotales.

Por lo que respecta a las banderas, tal y como las conocemos hoy en día, parece ser que los primeros que las utilizaron fueron los egipcios para indicar el lugar donde debían reunirse las tropas durante o después de un combate. En la Edad Media, los diferentes señores feudales las usaron con gran profusión de colores y formas diferentes. Las banderas actuales surgieron debido a que las marinas de los diferentes Estados tenían la necesidad de distinguir unos barcos de otros.

Pero ¿cómo se elabora una bandera? Seguí averiguando y me enteré de que antiguamente para hacerlas se usaba raso francés, pero ahora se utiliza el satín para las que están destinadas a los interiores y la etamina, más porosa, para las que se van a colocar en exteriores.

Los escudos que las adornan se pintan si son para exterior, pero si son para interiores se pueden bordar. La duración de una bandera al aire libre depende principalmente de las condiciones del clima, pero usándola continuamente puede durar hasta tres meses.

Al terminar de leer el libro de mi abuelo, recordé que alguna vez, cuando trabajaba como editor de una revista, habíamos publicado un artículo sobre uno de estos peculiares negocios que se dedican a elaborar insignias y lo busqué. Para mi desgracia, no la encontré, y preguntando en otros locales me dijeron que hace algún tiempo cerró sus puertas por problemas económicos; lástima porque era un lugar maravilloso y lleno de historia. Aunque un poco triste por la pérdida de tan preciado tesoro, decidía visitar algunas otras galonerías de la zona, y me encontré con que son lugares increíbles. En polvorientas vitrinas, muestran insignias y galones para la policía, los bomberos y el ejército, también para las nunca olvidadas ceremonias del colegio, cuando los alumnos lucían, entre orgullosos y apenados, sus uniformes de gala.

Si algún día tiene que ir al centro, no deje de visitar estos negocios; son una muestra viviente de «pasados más gloriosos», como solían decir los abuelos; son algo de ese México que, poco a poco, se va esfumando en el recuerdo.

Advertisements
Posted in Cultura, Historia | Tagged , , , , , , , , , , , , , , | Leave a comment

Un clásico nunca se va…

Continuamos la marcha…

De regreso escala1900 está de regreso

en nuestra clásica versión impresa.

¡Espéralo!

logoperioNoviembre, 2013

Posted in Boletines, Cultura | Leave a comment

En espera de la última moda

Por Rita de Melo Ferreira

Artículo publicado en la edición 23 del periódico 1900, en marzo de 1997

300px-Manuel_Maria_Barbosa_du_Bocage[1]

Poeta lírico portugués Manuel Maria Barbosa du Bocage, autor de la famosa frase: «Estoy a la espera de la última moda».

Trate usted de imaginarse una tela que por razón exclusiva de calidad, textura, diseño y colores deja de pertenecer al dominio de la moda para convertirse en una expresión de creatividad artística. ¿Qué haría usted si le tocara en suerte un regalo así? En realidad, si se considera el papel que desempeña la moda en nuestra vida social y profesional, no resulta ilógico utilizar la tela para mandar hacer un traje nuevo. Sin embargo, los múltiples cambios insertados por los diseñadores de alta costura en el panorama de la moda parecen conspirar contra ellos mismos, parecen conspirar contra cualquier esfuerzo por lograr una prenda de vestir verdaderamente «actualizada». Conjuntos, chaquetas, vestidos, abrigos, faldas y pantalones continúan sobreviviendo en lugar preferente, pero la duración de los estilos de vestir se reduce y de la constante diversificación de nuevas tendencias nace la tentación de adquirir ropa y más ropa que pronto pasa de moda. A lo mejor tenía razón el poeta lírico portugués Manuel Maria Barbosa du Bocage (1765-1805), quien con frecuencia se hacía ver en las calles de Lisboa envuelto en un corte de finísimo casimir. «Bocage», observó alguna vez uno de sus compañeros de tertulia, «ya es hora de que te mandes hacer un traje con esa tela». A lo que contestó el bohemio poeta: «Estoy en espera de la última moda».

En efecto, la moda es transitoria. Pero la moderna industria de la rama encuentra en las grandes masas un campo fértil para la difusión de tendencias efímeras. Es así como  desciende el nivel de calidad y la moda se torna intérprete de la realidad de nuestros días, cuando todo es desechable y nada es ireemplazable. No obstante ello, la historia deja la lección de que existe moda de más larga vida. En los albores de la Edad Media, tanto el hombre como la mujer seguían adoptando un estilo de vestir casi idéntico al que se usaba cinco siglos antes. El atuendo masculino consistía en una túnica corta y capa amplia, y los hombres de clase baja siguieron usando ese mismo traje durante varios siglos más. La ropa femenina era sencilla, los colores eran sobrios. Los trajes largos y sin forma, tenían mangas inmensas y anchas, y la mujer se cubría la cabeza con un velo.

Al final del siglo XIII la ropa se ajustó al cuerpo, pero fue hasta mediados del siglo XIV cuando, poco a poco, empezó a vislumbrarse un concepto de «moda».

Moda del siglo XVIII

Los estilos Barroco, Rococó y Neoclásico marcaron la moda del siglo XVIII.

En el transcurso del siglo XVIII la moda masculina se mantuvo casi sin cambios. No así la moda femenina, que adoptó el corpiño ajustado, la falda inflada y los sombreros de considerables proporciones. Al finalizar el siglo de la moda dejó volar la imaginación. Todo fue permitido. Alrededor de 1795 la cintura del vestido subió hasta el busto y ahí se quedó durante 25 años. Se pusieron de moda las plumas de avestruz en el pelo, los vestidos ligeros y los zapatos sin tacón. Los caballeros salieron sin su espada, abandonaron la peluca y dejaron de empolvarse la cara.

Sombrero satín

Los sombreros satinados de moda en la segunda mitad del siglo XIX.

En la segunda mitad del siglo XIX la moda masculina se volvió un tanto triste; el sombrero de copa alta cedió su lugar al sombrero de seda brillante, preferentemente negro. Los trajes, también negros, se usaron —tal como ahora—con camisas de cuello y corbatas. Desaparecieron las crinolinas, aparecieron los vestidos de noche con atrevidos escotes. La ropa de hombre fue perdiendo formalidad, y, prosperó la ropa casual: saco de tweed, calzón knickerbocker ceñido debajo de la rodilla, sombrero de paja y capa a la «Sherlock Holmes». Los pequeños siguieron la moda. Los niños vistieron trajes «a la marinera» o trajes de terciopelo con cuello y puños de encaje, al estilo del «pequeño Lord Fauntleroy». Las niñas ostentaban vestidos complicados, adornados con metros y metros de encaje. El siglo fue llegando a su fin…

300px-Charles_Frederick_Worth_(Mars_1895)[1]

Charles Frederick Worth en una foto fechada en marzo de 1895

En 1895 murió Charles Frederick Worth, un costurero inglés que abrió su casa de alta costura en París en 1858 y se hizo mundialmente famoso. Worth fue el creador de la alta costura parisina y el promotor de su crecimiento a escala internacional. Pero en ese tiempo los diseñadores de la alta costura no recibían galardones. Ahora, al parecer, los diseñadores enriquecen la cultura y los reconocimientos están de moda: Pierre Cardin, que fundó su casa de costura en 1949, además de ser miembro de la Academia de Bellas Artes y embajador honorario en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO), fue condecorado con la Legión de Honor de Francia, ha sido distinguido con el Óscar de la Moda, y más de una vez con el Dedal de Oro.

De cualquier manera la comercialización logra formular un nuevo estilo de entender la moda: una tendencia que cada quien puede recrear a su gusto. La moda contemporánea, inspirada en las creaciones de los más célebres nombres de la alta costura es de todos y para todos.

Posted in Cultura, Historia, Moda | Tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Leave a comment

Carne, símbolo de poder

Por Jorge De’Angeli

 Este artículo fue publicado en la edición 29 del periódico 1900 en octubre de 1997

Carlo Magno]

Carlomagno, el poderoso emperador Carolingio, hijo de Pipino el Breve, nieto de Carlos Martel.

¿Qué comía Carlomagno, el más poderoso emperador de la Edad Media? Escribe su biógrafo Eginardo que «tan sólo cuatro platos» lo que parece una maravillosa forma de austeridad, hasta que nos damos cuenta que el buen monje agrega «sin contar los asados que cada día los cazadores ensartaban en sus espetones. Las carnes asadas no se discuten: en la Edad Media fueron el alimento principal de los poderosos. La sociedad de la época era compulsiva y violenta, y comer carne era símbolo de virilidad y fuerza. El noble, el señor, comía mucha carne, y tenía que comerla para evidenciar su estatus de poderoso.

Un cronista del siglo X, Liutprando de Cremona, para señalar la diferencia entre las virtudes del emperador Otón I de Sajonia y las flaquezas del emperador bizantino Nicéforo, del primero escribe que no comía ajo, ni cebollas, ni poros, sino carne; y del segundo, que se alimentaba de vegetales. El Obispo Metz, en el año 888, había preparado un gran banquete en honor de Guido de Spoleto para coronarlo rey, pero prefirió entregar la corona a Eude, Conde de París, cuando averiguó que Guido no comía carne: «No es digno de reinar entre nosotros quien se conforma con una humilde comida de escaso precio».

carnes-rojas[1]

Diferentes cortes de carne se estilan en la actualidad

En el Medioevo comer carne era una verdadera obsesión. La carne era el principal, el único alimento de un cuerpo noble. En consecuencia, quienes escogían el alma, los ascetas, los místicos, los monjes, renunciaban a la carne en más de un sentido. No comer carne era la humillación máxima, la marginación de la sociedad de los poderosos. Muchas veces, la negación de la carne iba acompañada por el abandono de las armas. Al asesino de un obispo, en el año 999, el emperador Otón III y el Papa Silvestre II, le prohibieron «besar hombre o mujer, vestir ropa de lino, dormir dos noches seguidas en la misma cama, llevar armas y comer carne» Armas y carne, símbolo de poder, orgullo de los poderosos.

Posted in Cultura, Gastronomía, Historia | Tagged , , , , , , , , , , , , , , , , | Leave a comment

Él

Por Rosa Nissán

Foto: Jordy de la Vega

 Artículo publicado en la edición No. 1 del periódico 1900 en junio de 1994.

 A Jacky mi hija

El 9 de mayo de 1985, pocos minutos antes de las ocho de la noche, mi pá, dejó esta vida. Cuando yo decía pá, era diferente a decir papá. Cuando decía pá tenía donde recargar todo mi peso y todo mi cuerpo.

Muchos meses antes de su muerte, cuando él también sabía que le quedaba poco, estuve pensando cómo acercarme a él sin hablar, sin obligarlo a compartir todo aquello que forzosamente yo creía que estaba bullendo en su interior. Muchos meses me atormentó la posibilidad de hacerlo feliz antes de que muriera.

Por miedo al sufrimiento, tantos no recorren su camino, se quedan orillados, no hacen locuras, no viven sus vidas o las viven a medias. Pero hay sufrimientos que a pesar de las trampas, nos alcanzan. Yo he vivido alejándome del dolor, con el miedo de ser tocada, como si al huir, el dolor no fuera a alcanzarme.

Ahora sé que del dolor y no de la alegría, he sacado mi fortaleza.

Hace dos meses a mi padre le llegó la hora de desnacer. Fue larga su enfermedad, quizá para darnos tiempo de acostumbrarnos a ver como se le iba yendo de a poquito la vida, hasta que entendimos que la muerte le llegó como un bien supremo. Así, acolchonando nuestro miedo, me dio tiempo para encontrar la forma. Me esperó.

ManosDurante los últimos días, las últimas horas, estuvimos con él, con lo que podíamos darle, de la manera en que cada uno supo acercarse. Mi hermano se iba a la sala de al lado, allí se sentaba disimulando su tristeza y procuraba asomarse lo menos posible; le daba mucho miedo verlo sufrir. Pienso que le hubiera gustado que se le acercara, le tomara la mano. Mi padre tristemente lo entendía. En mi familia creemos saber descifrar los silencios. También yo aprendía a vivir ocultando mis sentimientos, negándolos, asustada de mí misma, como si estuviera haciendo algo indebido. Esa última semana logré tener con él la proximidad que nunca hubo por exceso de respeto y por miedo a ambos, miedo del padre a acercarse a su hija, miedo de la hija a aproximarse al padre.

En esos últimos días ya no se opuso, o no tuvo la fuerza. Tomé sus manos, su cuello, recibió mis caricias, acerqué mi cara a la suya, mi voz a la voz cansada de él. Abandonó su miedo, su cara, sus manos. Tímidamente toqué su piel. Viendo su reacción, comencé a frotar las plantas de sus pies, calmaba sus temores. Le gustaba oír mi risa que hasta el último momento él siguió oyendo como la de su niña. Siempre que me oía reír decía: «Es que mi hija está loca». Y en la forma cálida en que lo decía, yo entendía su amor.

Después toqué su pelo, llené con aceites de esencias de flores sus brazos, su cuello, su pecho. Sin que se percatara, apagué la luz tan intensa del techo, encendí un lámpara y le puse la música que de seguro lo transportaría a días y recuerdos felices: unos cantos griegos y turcos grabados en una mezquita; y sé que lo hicieron soñar. Los dedos de mis manos hacían presión en sus antebrazos, en sus muñecas; y los olores lo reconfortaron, exhalaba el aire de sus pulmones con alivio. No podría  transmitir la dicha que yo sentía cuando él dulcemente cerraba sus ojos.

Creo que nadie lloró. No lo detuvimos, él ya se quería ir. La enfermera cerró sus ojos y cubrió su cara, y como es costumbre, lo envolvieron en una sábana y lo acomodaron en el suelo. Salimos del cuarto. Se quedó solo.

Mis hermanos se encargaron de los asuntos prácticos que vienen después de la muerte. Avisaron a dos o tres personas para que le dieran un lugar en el panteón, lo más cerca de su mamá, que murió hace tres años. Por fin juntos, como estuvieron siempre. Bonito regalo recibiste de día de las madres, abuelita.

Cuando llegó Jacky, entró directamente al cuarto tan evitado, donde ya nadie se había querido ni asomar. Nos habíamos concentrado en la salita que está junto, pegadita. Ha de haber pasado una hora, una hora, no estoy segura, pero Jacky y una de mis cuñadas, seguían en el cuarto de la muerte. Yo oía sus murmullos, mi hija salió para decirme que por qué había dejado solo al abuelito, que sus maestros de anatomía y fisiología le habían dicho que el oído es lo último que se pierde y que todavía se oían ruidos en su estómago. Lo que me dijo me puso a pensar… ¿Cómo iba a ser posible que tan repentinamente la vida terminara del todo? Tuve la seguridad de que mi padre oía, y entré, y me acosté en una cama junto a él; y no volvía a salir hasta la una de la tarde del día siguiente, en el momento en que lo metieron en la caja porque ya estaba la carroza en la calle.

Así que pasamos la noche con él, y le hablé, le iba contando quienes entraban y salían del cuarto. Cuando ya me había vencido el sueño escuché un llanto, me sorprendió su procedencia: era Moisés, el hijo de mi hermano, el nieto preferido de mi padre, que tomó las riendas del Puerto de Persia durante su larga enfermedad. En ese momento entendí el gran lazo amoroso que se dio entre los dos durante la expansión del tumor. Le dije a mi pá que ahí estaba Moi, y también que lo queríamos mucho, que no nos íbamos a ir ni un momento, que estaríamos a su lado y que pronto se iba a encontrar con mi abuelita que lo estaba esperando. Durante la noche, algunos nietos más se atrevieron a entrar y nunca dejamos de platicar con él.

Cuando trajeron la caja, la llené de hojas frescas de eucalipto, que apenas ayer fui a arrancar de unos árboles de los Viveros, a donde él fue diario durante los últimos cuarenta años. Esas hojas que siempre llevaba en las bolsas de su pantalón y de su chamarra. Cuando sacaba algo, siempre le salían hojas, las que lo vieron pasar y reír con sus amigos. Quise que su olor se impregnara adentro, para que al día siguiente él las reconociera y no tuviera temor.

Esa noche vinieron muchas personas que lo quisieron y también gente que mi padre nunca conoció.

Yo no quise avisar a nadie, me hubieran molestado, no quería distraerme ni un minuto, ni agradecerle su presencia a nadie.

Esa noche era única y maravillosa; la última del cuerpo y del espíritu de mi padre entre nosotros.

Posted in Creación literaria, Cultura | Tagged , , , , | Leave a comment

Una mirada a Miró

  Por Dulce María Aguilar

Este artículo fue publicado en la edición 36 del periódico 1900 en mayo de 1998

autorretratojx7[1]

Autorretrato. 1919

Joan Miró es, sin duda alguna uno de los artistas más grandes del siglo XX. Con su mundo de sueños, imaginación y fantasía que desarrolló desde niño se convirtió en pilar del movimiento surrealista. Han pasado ochenta años desde que el pintor catalán montó su primera exposición en la galería Dalman de Barcelona, su tierra natal; a partir de ahí, muchos han sido los destinos de sus obras, incluyendo al Centro Cultural Arte Contemporáneo de la ciudad de México, D.F. De las 89 obras que se exponen, 77 pertenecen a la colección del Centro Pompidou de París. Gracias a que actualmente está en remodelación, podemos ahora conocer estos cuadros. El resto de las pinturas pertenece a colecciones privadas tanto de Nueva York como de la capital francesa.

desnudodepie[1]

Desnudo de pie, 1918, refleja una marcada influencia fobista.

Forma parte de la exhibición presentada en México La Gran Era o La Masonera (1922-1923), con la que concluye el período conocido como «detallista». Hay, además, expresiones surrealistas de naturaleza totalmente poética pertenecientes al llamado «período de sueño» (1924-1927) como Bañista, La Siesta, La Suma, Paisaje catalán (El Cazador) y su obra magistral Tres Azules (1961). También destaca una de las joyas de su legado, la famosa serie Constelaciones acompañada por poesía de Andre Bretón, uno de sus grandes admiradores quien incluso alguna vez lo calificó como «el surrealismo de todos».

Nacido en Barcelona, España, el 20 de abril de 1893, Miró nunca dejó de ser catalán, a pesar de las grandes temporadas en París, la urbe cultural de aquel entonces. Visitó esa ciudad por primera vez en 1919 tras la exposición de Barcelona, cuando contaba con 26 años de edad. En la ciudad Luz, el pintor no tardó en relacionarse con los surrealistas, y de la mano del también pintor Andre Masson, fue introducido al círculo intelectual, aunque —como él mismo lo admitía—, sin mucho éxito.

figurasyconstelacionesyg2[1]

Signos y constelaciones enamoradas de una mujer. Serie Constelaciones

De esta manera, Miró vivió una dualidad de ideas artísticas que los llevaron del París de la modernidad y las vanguardias, a la Barcelona del arte romántico y la inspiración de Gaudí.

La sencillez que siempre lo distinguía de los alardes de Picasso y Dalí, procedía de Barcelona, principalmente de Montroing (al sur de Terragona), donde transcurrió gran parte de su infancia y regresaba a pasar largas temporadas. Prueba de ello fue la vida matrimonial tan estable que llevó con Pilar Juncosa. Desde fines de los años veinte, cuando se casaron, hasta su muerte en 1983, vivió con ella. Esto sorprendía a sus colegas, pues les parecía imposible que dadas las turbulencias políticas, sociales, artísticas y culturales en las que se vió inmerso no cambiara de mujer, como acostumbraban hacerlo los surrealistas.

lapoetisavo5[1]

La poetisa, de su etapa de surrealismo abstracto.

La capital francesa le abrió sus puertas y Miró aprovechó para desarrollar su sensibilidad artística y codearse con sus vecinos de piso que merodeaban los mismos círculos: Max Ernst, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Andre Bretón y Georges Bataille. En 1921 montó una exposición en París considerada «un desastre en ventas». Según los críticos «no era que distorsionara la realidad, sino que la veía tal como era mediante lo que se podría llamar un “tercer ojo”, el ojo que permanece despierto incluso durante el sueño». Siete años después presentó con éxito una muestra en una galería parisiense. La revista La Revolution Surrealiste, órgano del movimiento, reprodujo varias de sus obras.

Paisaje catalán (El cazador)

En su etapa temprana, bajo influencia del fovismo, Miró realizó Paisaje catalán (El cazador). 1923-24.

Después de recoger estos frutos y tras exponer junto a Picasso y Paul Klee, Miró se distanció del movimiento creando un universo propio y reafirmando su estilo absracto-subjetivo pleno de recuerdos, sueños y fantasías. Luego de haber vivido tres años en Barcelona, en 1936, tras el inicio de la guerra Civil española, el pintor decidió regresar a París agobiado por la violencia generada en su adorada —y a veces odiada— Cataluña y en todo el país.

A partir de ese momento y durante casi cuarenta años, Miró se refugió en París y Palma de Mallorca, la tierra de su madre. Casi ignorado en su país, en el extranjero Miró vio crecer su éxito durante todo ese tiempo, realizando así su primera retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1941.

Azules I-II-III

Gracias al estudio que le construyera el arquitecto Josep Lluís Sert, Miró pudo desarrollar en los años sesentas varios trípticos. La maravillosa serie: Azul I-II-III dan parte de ello.

joanmirenbarcelonaen193[1]

Joan Miró en Barcelona en 1931

Tras la muerte de Francisco Franco (1975) y poco después de la apertura de la Fundación Miró en Barcelona, el pintor presentó en Madrid el espectáculo La Claca, llenando el escenario de monstruos, demonios y decorados surrealistas. En ese momento, Miró surgió en su propio país y su obra fue considerada una de las creaciones artísticas más importantes del siglo XX, que hoy en día debemos conocer.

Posted in Cultura, Personajes | Tagged , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Leave a comment

El sabor del Chardonnay

Por Francisco Domenech

Este artículo fue publicado en la edición 66 del periódico 1900, en marzo del 2001

300px-Chardonnay_Moldova[1]

Uva Chardonnay

Si de vinos blancos estamos hablando, quizás me dirán, como mi abuelo, que «no hay mejor vino blanco que un vino tinto». Sin embargo, en los tiempos modernos que siguieron a la década de 1960, el vino blanco fue promotor de grandes cambios en hábitos y costumbres, y no hay mejor representante de éstos que los vinos de uva Chardonnay.

Generalmente lo que se observaba al momento en que alguien ordenaba un vino blanco, era que éste se pedía por su nombre (Poully Fuissy o Liebfravenmilch), o en forma genérica (vino blanco español o alemán), y casi nunca se ordenaba por la variedad de uva que lo componía. La Chardonnay fue de las primeras variedades de uvas blancas que los nuevos consumidores empezaron a pedir por su nombre. Era una cuestión romántica, de status, para darle un lugar como conocedor del medio, y definir gustos propios.

Pero la realidad es que hay algo mágico sobre el Chardonnay…ya que es la máxima expresión de la bodega productora y en especial del enólogo de la misma; es como si fuera un vino estandarte que la distingue por su estilo y elegancia. Por lo mismo, las posibilidades que ofrece el vino Chardonnay son tan ilimitadas como las bodegas productoras existan en el mundo, y tanto como sus enólogos quieran ponerle su toque personal.

chablis_christian_moreau[1]

Chablis Christian Moreau

La uva Chardonnay es en todo el mundo y en todas sus formas, merecedora de elogios y reconocimientos. Llena más botellas de vino que cualquier otra variedad de uvas, como los excelentes Chablis de Borgoña y el Champagne en Francia, lugares clásicos del cultivo de esta uva, así como los Chardonnay de las nuevas áreas de producción como California, Washington y Oregon en Estados Unidos; la Toscana en Italia y países como Australia, Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda.

El Chardonnay, aún en sus más complejas formas, es un vino accesible, fácil de beber y de entender. No es necesario ser un experto en el conocimiento del vino para apreciar su riqueza, complejidad, sabor y diferentes estilos. Estilos que van de un profundo sabor con toques de madera, mantequilla y vainilla hasta frutales, más delicados con sabores de manzana, durazno o melón.

Así pues, una de las primeras consideraciones sobre la producción de un vino Chardonnay es la que afronta el enólogo, al decidir entre crear un vino ligero frutal, o uno con mucho cuerpo y más complejo. El primero generalmente se añejará en tanques de acero inoxidable de 5 a 8 meses, lo que permite que los toques de fruta sobresalgan del producto. Los segundos etiquetados, —seguramente reservas—, harán lo suyo con al menos un año en barricas de roble, logrando mayor equilibrio del producto y resaltando los sabores a mantequilla y vainilla. Sobra decir que la materia prima siempre será lo más importante en la elaboración de vinos de calidad, por lo que las uvas de mayor calidad siempre se destinarán a la producción de vinos más finos.

Cuando la uva Chardonnay se transforma en vino, se convierte en un líquido dorado que hace de cualquier ocasión, reunión y momento una experiencia memorable. ¡Qué mejor  que una copa como aperitivo y otra para iniciar los deleites de una buena comida! Cuando se transforma en champagne o vino espumoso, se convierte en el símbolo universal para celebrar y conmemorar eventos, fechas y ocasiones especiales.

¿Qué comida se lleva con este vino?

AMNHFAKCAJ500FLCADLX313CA68R6GBCAVITA47CABJJKTBCA59D5YVCAN0FRLFCAEJFRIUCAACZE4JCA0CASIKCAEG79F8CAGS22PLCADBW7QECA022RC5CAIH4JL5CA1Y7IU9CAP8IOEPCA0EZV6N

Queso Chablis chalancey

Mi abuelo dirá seguramente que el vino blanco únicamente se puede acompañar con pescados y mariscos, como podría ser un salmón a la parrilla, o unos camarones al cilantro. La realidad es que existe un sinnúmero de platillos combinables y fáciles de encontrar en los lugares habituales para comer. Por ejemplo, una pasta con una salsa ligera de crema o un risotto al fungi, así como unas costillitas de ternera en salsa de vino blanco, o un pollo al estragón; son sólo algunos de los platillos que yo podría recomendar, ¡imagínese las posibilidades de combinación! Ya como para cerrar con broche de oro, se puede degustar perfectamente con quesos como el de cabra y algún cremoso, quizás Camembert, y fácilmente con algunos postres, como un sencillo panqué de naranja o una natilla española.

Santo_Tomas__Cha_5000735c2e1ae[1]

Chardonnay Santo Tomás, digno representante del Chardonay mexicano

Así que por la gran variedad de estilos que presenta este vino de uva blanca, es difícil dar una descripción exacta de lo que es un Chardonnay. Lo que sí puedo asegurar es que experimentar es muy importante para entender esta forma y cualquier otra de tomar vino blanco, hay que probarlo y degustarlo en más de una manera, beber sus diferentes variedades de estilos y regiones.

Defina sus gustos, viva completamente y al máximo esta nueva experiencia singular que, antes de que nada, deberá ser divertida y alegre, que abrirá para usted un sinfín de nuevas posibilidades y que romperá, seguramente, con los tabúes que podría haber tenido respecto al vino blanco.

Posted in Arte, Cultura, vinos | Tagged , , , , , , , , | Leave a comment