Del brazo del Álvaro Obregón

  Por Rafael Muñoz Saldaña

Fotos: Jordy de la Vega

En homenaje a nuestro editor que no está más con nosotros desde el 8 de octubre: Rafael Muñoz Saldaña así como también a la Primera actriz Amparo Rivelles quien falleciera este 7 de noviembre del 2013. QEPD.

Este artículo fue publicado en la edición No. 4 del Periódico 1900, en enero de 1995 y fue su primer artículo de portada. 

Hay calles que son rostros, hay rostros que fueron calles. En los dos podemos o hallar el atajo a otra vida cerca de un jardín, por la línea de un perfil, al lado de una plaza, o entre un par de cejas que se juntan. Para la tristeza no hay mejor remedio que andar largas cuadras en las avenidas de noche, casi sin luz, dentro de la niebla que nos regala gotas de rocío y nos hace pensar: en este edifico de mosaicos blancos y negros vivió alguien que amé.

Caminar por Álvaro Obregón y sus calles aledañas nos revela lo que ha sido México en los últimos cincuenta años. Cada cuadra ofrece un interés distinto, una experiencia desconocida, un placer prohibido. Se trata de un recorrido entre espectros pasados y futuros, tan fantasmal como el brazo perdido del general que halló la obscuridad en la bombilla.

Baco inicio de AO

Fuente dedicada a Baco, dios griego del vino, corona el inicio de la Avenida Álvaro Obregón, en la colonia Roma (ahora con agua).

Esta avenida surge de la nada, o de un eje vial (que es lo mismo) y sigue un curso que el tiempo no ha alterado. Frente a la Sala Chopin (pintada de negro como sus pianos) hay una estatua de Baco, rodeada por una pila sin agua. Unos pasos más allá, del lado izquierdo, una placita; luego, las oficinas del Festival Cervantino que sólo en octubre despiertan de un letargo más prolongado que el manco de Lepanto. La Secretaría de Pesca abandonó un edificio que lleva en sí la marca indeleble de la burocracia y que hace pensar en una reintegración difícil. Una casita de modas da a la calle. Nadie querría lucir esos atuendos con lentejuelas que tanto deslumbran, pero todos se quedan frente al aparador, soñando una historia. Pasos más allá se sienten los estragos del terremoto del 85: ya no existe el negocio de aparatos ortopédicos de Torquemada, pero sobrevive un restaurante: La camorra napolitana, escenario de nota roja. Por allí hubo un banco. Un 19 de septiembre rescataron la caja fuerte entre los escombros, estaba rodeada de billetes muertos.

Venus Condesa

Fuente de la Venus de Milo (sin agua), anticipa el cruce de Insurgentes.

El cruce con Insurgentes no es fácil. Nos impulsa a emprenderlo una reproducción en bronce de la Venus de Milo; algún amigo de Magritte le puso en la cara un poco de pintura roja para que su memoria persistiera. En contra esquina hay un jardín inventado para conmemorar a Juan Rulfo y cerrar la herida del temblor que se tragó un edificio entero y dos tiendas de estufas. Esos prados son cómodos para conversar y hacer promesas que jamás serán cumplidas o quizá para pensar en un corte de pelo en la academia Alfonso y Marcos (que perpetúa la navidad con sus foquitos prendidos todo el año). El Partido Popular Socialista tiene enfrente una oficina que, como su propuesta política, parece una reliquia. Allí estuvo en pie la casa del general que hoy nos presta su brazo. Cerca y muchos años después se mudó la madre Conchita que fraguó su muerte.

Parque Álvaro Obregón

En esquina con Insurgentes se asoma el Jardín dedicado a la memoria del escritor Juan Rulfo.

A veces es mejor caminar por el camellón, oír de lejos los reproches de los amantes, admirar las estatuas cuyo orden han modificado los delegados, de acuerdo a sus necesidades momentáneas. Algún pedestal está vacío: sus figuras adornan una glorieta anterior, allí fue de visita un dignatario.

En una escena de Missing de Costa Gavras, Sissy Spaceck se refugió en el zaguán de un edificio de esa calle y luego se perdió; por allí también filmó el inmortal Thriller Asalto en los Mochis. Una escena de Lola de María Novaro, hace los honores a un expendio de pan. Pero también hay lugares decentes, más decentes que las agencias funerarias que se pelean  por los cadáveres de la colonia y más decentes que El Parian, un mercado convertido ahora en escenario cultural.

La iniciativa de un grupo de inversionistas ha redundado en la restauración del Edificio Balmori, otrora sede de tertulias literarias (las Balmoreadas) que ya se aproximaban a su fin. Junto a él hay unas galerías de escultura. Tienen a la venta figuras monstruosas de actores y actrices: las pondrán en remate. En esas instalaciones padeció «El Bolillo», líder de la banda de «Los Tiernos». La Casa Lamm, un fresco rincón porfiriano, domina la esquina e invita a entrar. Cuando está cerrada es mejor atravesarse a La Bella Italia, una nevería que José Emilio Pacheco hizo eterna en sus Batallas en el Desierto que evocan el rumbo con gran delicadeza.

Viene y van

Estatuas que se quedan y amantes que se van,

Pero no todo es escultura por allí. El negocio del placer comprado tiene un inesperado auge. En varios hoteles la recepcionista es ruda: «estos hoteles son de paso», confiesa a la entrada. Por las madrugadas las damas de la vida galante discuten la tarifa con el cliente al que se le prestaron servicios especiales. Un patrullero hace las veces de mediador en el conflicto y recibe una pequeña gratificación: una sonrisa de la bella.

La Librería de Cristal, en la esquina con Córdoba, más bien parece de vidrio. Allí estuvo la Sala Margolín, ahora está enfrente, donde Remedios Varo le daba de comer a los pájaros que descendían de sus óleos hasta la acera.

Sería vano el esfuerzo por describir esta calle sin hablar de los cafés de chinos. En ellos se vive un hacinamiento que evoca a la República Popular de Mao, donde está prohibido tener más de un hijo. Pero las enchiladas verdes son irresistibles. Y quien quiera hablar idiomas extranjeros también puede caminar por Álvaro Obregón: en la zona hay escuelas de alemán, ruso e inglés. También hay casas de religiosas que disimulan su oficio por miedo o por devoción.

Pasos más adelante una sex-shop, recién inaugurada. Tan sólo videos y ropa interior: las calles que uno quiere no deben perder la compostura y tienen que esperar con dignidad la llegada de un nuevo jefe del DDF. A una cuadra, el hotel donde se hospedó el asesino de Francisco Ruiz Massieu, dejando un rastro de sangre y llanto.

Sobre el asfalto aún están los restos de algunos rieles aferrados a la grava y al chapopote. Por ellos corría un tranvía pequeño que salía de la glorieta de Chilpancingo, seguía por Insurgentes, doblaba en Álvaro Obregón hasta llegar al término de la calle.

Cine México

Un edificio de apartamentos situado en lo que fuera el Cine México termina abruptamente con la avenida Álvaro Obregón.

Al fin aparece la avenida Cuauhtémoc que, metros atrás, se llama Bucareli y, metros adelante, México-Coyoacán. Inspira temor atravesarla, tanto como visitar el Cine México, que cierra el camino iniciado por Baco uvas atrás. Volteo a un jardín pequeño y asolado por cables, bombas de agua y personas jugando a la pelota. No quiero acordarme de todos los edificios que demolió el temblor, no quiero llegar hasta La Plaza Romita que no conozco, aunque al fin y al cabo, los olvidados de allí se volvieron memorables. Tampoco quiero recordar el apresurado caminar rumbo al Cine Internacional para asistir a la Muestra de Cine, que nunca apareció entre las ruinas.

En vez de ir más adelante vuelvo mi rostro al Cine México, suelto el brazo del General y busco con mirada inútil la tienda donde el señor Morales compró una cámara fotográfica antes de matar a su esposa, Amparo Rivelles. Si viera por allí a Arturo de Córdova le daría un consejo y le pediría un favor: no se tome el jerez de su esposa, retrate todo lo que fue todo ese sitio, retrate todo lo que es ahora y prométame que cuando la ciudad desaparezca, usted seguirá guardando sus imágenes. 

Nota: El General Álvaro Obregón, quien da nombre a esta avenida de la colonia Roma, fue presidente de México de 1920 a 1924 y perdió el brazo derecho en la Batalla de Celaya, Guanajuato, México.

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English: Orbregon, Alvaro, General of Mexico Español: General Álvaro Obregón (Photo credit: Wikipedia)

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