El vino y la salud

Copa de vino tinto en el Museo de la Dinastía ...

Copa de vino tinto en el Museo de la Dinastía Vivancos en Briones (La Rioja, España). (Photo credit: Wikipedia)

Por Miguel Guzmán Peredo

Foto: Jordy de la Vega

Este artículo fue publicado en la edición 38 del periódico 1900, julio de 1998

 Mucha tinta ha corrido, en los meses recientes, en torno a los saludables efectos que entraña el consumo moderado de vino. A los estadounidenses les parece sorprendente la llamada «paradoja francesa», ya que piensan que una dieta rica en pastas, aceite de olivo y vino es nociva para la salud. Pero en realidad ocurre todo lo contrario. En octubre de 1995 la revista Selecciones del Reader’s Digest publicó un reportaje llamado «Receta Mediterránea para la longevidad» firmado por Serge Renaud, director de estudios sobre nutrición del Instituto de Salud e Investigaciones Médicas de Francia. De acuerdo con los resultados de esa investigación médica —realizada con ratas, en su laboratorio de la ciudad de Lyon— «los análisis sanguíneos demuestran que las ratas que beben alcohol tienen cincuenta por ciento menos probabilidades de sufrir obstrucciones arteriales que las que beben agua. Y entre las que beben vino las probabilidades disminuyen otro cincuenta por ciento».

Serge Renaud concluyó en 1993 un estudio de cinco años de duración, con seiscientos enfermos cardíacos. Dicho análisis de sobrevida presentada por los pacientes arrojó nuevas luces sobre el saludable efecto de incluir dos o tres copas de vino en la dieta cotidiana. Los componentes del vino favorecen el aumento del colesterol «bueno», un depurador natural de la lipoproteína de baja densidad, o colesterol «malo». La acumulación de éste en los vasos sanguíneos, principalmente en las arterias coronarias (las que llevan al corazón los elementos nutritivos que este requiere) produce severos trastornos cardíacos.

Copa de vino blanco 2

El vino blanco, menos benéfico a la salud que el vino tinto.

En la revista Clinical Chemistry (volumen 41, número 1, 1995) apareció un interesante artículo del doctor David M. Goldberg, de la Universidad de Toronto, en el cual se menciona que el vino tinto (también el blanco, pero en menor cuantía) contiene diversos compuestos fenólicos. Entre estos componentes se incluyen los bioflavonoides, cuyos efectos positivos  para la salud son indudables. «La ingestión de alcohol (incluyendo los destilados como el cognac y el whisky) reduce la incidencia de trastornos arterioescleróticos; pero la mayor protección está dada por el legado de Dionisos: el vino. El vino blanco disminuye esa propensión a 67 por ciento, y el vino tinto la reduce a un 40 por ciento».

Estas investigaciones, que actualmente se llevan a cabo en muchos países, como Estados Unidos, Francia e Inglaterra, confirman la aseveración de Hipócrates, el llamado «padre de la Medicina», quien hace veinticuatro siglos afirmó: «El vino es cosa maravillosamente apropiada al hombre si, en salud como en enfermedad, se le administra con tiento y medida».

Los párrafos anteriores me merecen adecuado preámbulo para referirme a la realización de una reunión mundial que tuvo lugar en Madrid los días 2 y 3 de octubre de 1997, denominada Primer Congreso Científico Internacional «Vino y Salud». En este importante seminario, organizado por la Fundación para la Investigación del Vino (FIVIN) —y patrocinado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, que agrupa a 42 países productores—, participaron infinidad de investigadores: médicos, químicos, fisiólogos, cardiólogos, bromatólogos y endocrinólogos de numerosos países de Europa y América. Allí presentaron el fruto de sus estudios en torno a los benéficos efectos que entraña el consumo moderado de vino, especialmente tinto, al acompañar las comidas.

Hoy en día se tiene amplio conocimiento de que las sustancias químicas contenidas en las uvas (antocianos, resveratrol y flavoniodes principalmente), y de una manera especial en el vino tinto, poseen un notorio efecto saludable en el organismo de quienes acostumbran ingerir de tres a cuatro copas al día, para acompañar sus comidas. Este efecto está dado por los polifenoles. Se ha comprobado que esos compuestos químicos tienen indudable acción antioxidante y contribuyen a disminuir los niveles de colesterol sanguíneo, especialmente del llamado «colesterol malo», cuyo inclemento en el torrente sanguíneo favorece la arteriosclerosis.

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