Una mirada a Miró

  Por Dulce María Aguilar

Este artículo fue publicado en la edición 36 del periódico 1900 en mayo de 1998

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Autorretrato. 1919

Joan Miró es, sin duda alguna uno de los artistas más grandes del siglo XX. Con su mundo de sueños, imaginación y fantasía que desarrolló desde niño se convirtió en pilar del movimiento surrealista. Han pasado ochenta años desde que el pintor catalán montó su primera exposición en la galería Dalman de Barcelona, su tierra natal; a partir de ahí, muchos han sido los destinos de sus obras, incluyendo al Centro Cultural Arte Contemporáneo de la ciudad de México, D.F. De las 89 obras que se exponen, 77 pertenecen a la colección del Centro Pompidou de París. Gracias a que actualmente está en remodelación, podemos ahora conocer estos cuadros. El resto de las pinturas pertenece a colecciones privadas tanto de Nueva York como de la capital francesa.

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Desnudo de pie, 1918, refleja una marcada influencia fobista.

Forma parte de la exhibición presentada en México La Gran Era o La Masonera (1922-1923), con la que concluye el período conocido como «detallista». Hay, además, expresiones surrealistas de naturaleza totalmente poética pertenecientes al llamado «período de sueño» (1924-1927) como Bañista, La Siesta, La Suma, Paisaje catalán (El Cazador) y su obra magistral Tres Azules (1961). También destaca una de las joyas de su legado, la famosa serie Constelaciones acompañada por poesía de Andre Bretón, uno de sus grandes admiradores quien incluso alguna vez lo calificó como «el surrealismo de todos».

Nacido en Barcelona, España, el 20 de abril de 1893, Miró nunca dejó de ser catalán, a pesar de las grandes temporadas en París, la urbe cultural de aquel entonces. Visitó esa ciudad por primera vez en 1919 tras la exposición de Barcelona, cuando contaba con 26 años de edad. En la ciudad Luz, el pintor no tardó en relacionarse con los surrealistas, y de la mano del también pintor Andre Masson, fue introducido al círculo intelectual, aunque —como él mismo lo admitía—, sin mucho éxito.

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Signos y constelaciones enamoradas de una mujer. Serie Constelaciones

De esta manera, Miró vivió una dualidad de ideas artísticas que los llevaron del París de la modernidad y las vanguardias, a la Barcelona del arte romántico y la inspiración de Gaudí.

La sencillez que siempre lo distinguía de los alardes de Picasso y Dalí, procedía de Barcelona, principalmente de Montroing (al sur de Terragona), donde transcurrió gran parte de su infancia y regresaba a pasar largas temporadas. Prueba de ello fue la vida matrimonial tan estable que llevó con Pilar Juncosa. Desde fines de los años veinte, cuando se casaron, hasta su muerte en 1983, vivió con ella. Esto sorprendía a sus colegas, pues les parecía imposible que dadas las turbulencias políticas, sociales, artísticas y culturales en las que se vió inmerso no cambiara de mujer, como acostumbraban hacerlo los surrealistas.

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La poetisa, de su etapa de surrealismo abstracto.

La capital francesa le abrió sus puertas y Miró aprovechó para desarrollar su sensibilidad artística y codearse con sus vecinos de piso que merodeaban los mismos círculos: Max Ernst, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Andre Bretón y Georges Bataille. En 1921 montó una exposición en París considerada «un desastre en ventas». Según los críticos «no era que distorsionara la realidad, sino que la veía tal como era mediante lo que se podría llamar un “tercer ojo”, el ojo que permanece despierto incluso durante el sueño». Siete años después presentó con éxito una muestra en una galería parisiense. La revista La Revolution Surrealiste, órgano del movimiento, reprodujo varias de sus obras.

Paisaje catalán (El cazador)

En su etapa temprana, bajo influencia del fovismo, Miró realizó Paisaje catalán (El cazador). 1923-24.

Después de recoger estos frutos y tras exponer junto a Picasso y Paul Klee, Miró se distanció del movimiento creando un universo propio y reafirmando su estilo absracto-subjetivo pleno de recuerdos, sueños y fantasías. Luego de haber vivido tres años en Barcelona, en 1936, tras el inicio de la guerra Civil española, el pintor decidió regresar a París agobiado por la violencia generada en su adorada —y a veces odiada— Cataluña y en todo el país.

A partir de ese momento y durante casi cuarenta años, Miró se refugió en París y Palma de Mallorca, la tierra de su madre. Casi ignorado en su país, en el extranjero Miró vio crecer su éxito durante todo ese tiempo, realizando así su primera retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1941.

Azules I-II-III

Gracias al estudio que le construyera el arquitecto Josep Lluís Sert, Miró pudo desarrollar en los años sesentas varios trípticos. La maravillosa serie: Azul I-II-III dan parte de ello.

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Joan Miró en Barcelona en 1931

Tras la muerte de Francisco Franco (1975) y poco después de la apertura de la Fundación Miró en Barcelona, el pintor presentó en Madrid el espectáculo La Claca, llenando el escenario de monstruos, demonios y decorados surrealistas. En ese momento, Miró surgió en su propio país y su obra fue considerada una de las creaciones artísticas más importantes del siglo XX, que hoy en día debemos conocer.

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