Máscaras de México

Por Ruth Lechuga / Luis Mac Gregor Arroyo

Fotos: Jordy de la Vega

Agradecemos a Tienda MAP Centro Histórico, las facilidades otorgadas para la realización de estas fotografías.

Publicado en la edición 34 del periódico 1900 en marzo de 1998.

Máscara Jabalí

Máscara de Jabalí. Guerrero, México.

Visitar uno de los cientos de pueblos que existen en el país equivale a internarse en el México rural, aquel que aún con el paso de los siglos no olvida sus costumbres y tradiciones como las danzas y las máscaras. De acuerdo con el diccionario, «máscara» significa: «forma de cartón, plástico, tela, metal, o de cualquier otro material que se adorna con la finalidad de ponerse sobre la cara y disfrazarse». Pero su uso va más lejos de ser una mera forma de ocular la fisonomía de quien la porta. A lo largo de la historia se le han dado varios fines. En Bretaña un grupo de rebeldes la utilizaba como medio para perseguir a sus enemigos; en África, donde se presume, se creó, se habla de una antigua sociedad que recurría a ellas para proteger la identidad de quienes dictaban el castigo a los maleantes. Otro ejemplo se da en los actos fúnebres de importantes culturas antiguas: los egipcios la empleaban para que el espíritu del muerto se reencontrara con su cuerpo; los romanos cubrían con careta el rostro de sus difuntos, mientras que en Mesoamérica con frecuencia representaba dioses y seres mitológicos. En la República Mexicana el uso de las máscaras en tiempos recientes tiene una de sus mayores expresiones en la lucha libre. Deporte traído por empresas extranjeras a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pronto se convirtió en un entretenimiento fundamental para la cultura nacional. A principios del siglo XX aparecieron las primeras compañías locales. En 1933 Salvador Lutteroth González fundó con Francisco Ahumada una empresa independiente que promoviera a luchadores como «El Santo» (el enmascarado de plata) y «Blue Demon». Éste realizó célebres eventos de competencia donde se apreció la derrota de «Black Shadow», frente al «enmascarado de plata», que lo obligó a descubrirse el rostro. La máscara se transformó en crisol de justicia, lucha constante por el honor y la sobrevivencia y síntesis de los mitos y ritos ancestrales enraizados en los hijos del águila que devora una serpiente.

Máscara Viejito

Máscara de anciano

En el México prehispánico
La aparición de la máscara en México se remonta, cuando menos, a tres milenios. Su simbología evolucionó con el paso del México indígena al colonial y en la vida independiente. En algunas podemos reconocer la fisonomía de antiguos dioses. Las caretas de «viejo» usadas tanto en Carnaval como durante los días de muertos en la región de Huejutla, Hidalgo, son polifacéticas. Algunas se asemejan mucho a la deidad prehispánica Xipe-Totec, dios de los desollados. Durante la fiesta en su honor se sacrificaba a un prisionero y un joven vestía su piel para simbolizar la nueva capa de vegetación que cubre la tierra en primavera. Sus facciones se representaban con la boca abierta y costuras a lo largo de la cara. En la máscara actual la labor se imita con pintura blanca.
Durante el período indígena, las máscaras no sólo se empleaban para rendir culto a los muertos o a los dioses, también se utilizaban en infinidad de danzas y como obsequio. Moctezuma II, rey de los mexicas, al enterarse de la llegada de Hernán Cortés, le envió ricos regalos. Entre ellos había dos máscaras con incrustaciones de piedras preciosas. Las danzas ocupaban un lugar importante en los rituales que se efectuaban a lo largo del año. Había escuelas especializadas para enseñar a los jóvenes —mujeres y varones— el arte de ejecutar los pasos apropiados para cada ceremonia. Tanto los cronistas del siglo XVI, como una abundante iconografía, dan cuenta de la frecuencia de las danzas con disfraces de animales. En las culturas prehispánicas cada persona y cada animal tenían un «doble» animal; los chamanes poseían el poder de transformarse a voluntad en un animal compañero. El jaguar era la contraparte animal del dios Tezcatlipoca, una deidad poderosa y contradictoria, quien era, de acuerdo con fray Bernardino Sahagún (el cronista más importante del siglo XVI), el hechicero por excelencia. El mismo Sahagún dice de Tezcatlipoca: «Él sólo daba riquezas, prosperidades, fama, fortaleza, señoríos, dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba; por eso le temían y le reverenciaban». El papel dual, representado por Tezcatlipoca en el pasado, parece todavía vigente en el tigre de las danzas contemporáneas. En la de los tejorones, que se baila en Oaxaca, suele representarse el episodio de la cacería y muerte se tigre. Otro caso es el de Guerrero donde el tigre llega a bailar amigablemente con los tlacololeros.

Máscara Jaguar

Máscara de Jaguar. Guerrero, México

 Durante la Colonia
La conquista de México se consumó en 1521. Los españoles del siglo XVI al igual que las otras naciones europeas, estaban acostumbrados al uso de máscaras. Los mismos yelmos de sus armaduras eran una muestra tangible de ello.
Al evangelizar a los indígenas se prohibió todo lo relacionado con su antigua religión. Los antifaces para dioses, sacerdotes, guerreros y difuntos distinguidos no hallaron lugar en la nueva estructura. Las danzas y representaciones de los invasores del viejo continente fueron interpretadas rápidamente por los mesoamericanos, quienes incluso traducían los parlamentos o cantos a sus idiomas. Un buen ejemplo es el ritual en torno a los moros y los cristianos, en acuerdo de la expulsión de los árabes de España. Existen muchas variantes de esta costumbre y los actores incluyen a menudo y simultáneamente personajes bíblicos e históricos de diferentes épocas. Santiago, santo protector de los peninsulares contra los ocupantes y después, en suelo novohispano, contra los indígenas, es muchas veces la figura central. Aparece montado en un caballo blanco, efecto que se logra por medio de un animalito de madera atado a la cintura. Los frailes que arribaron al territorio con fines evangelizadores, aprovecharon la inclinación de los nativos al movimiento rítmico del

Máscara negro alegre

Máscara de afroamericano. Veracruz, México

 cuerpo para enseñarles el catolicismo y los episodios de la Biblia. Aquí resalta la Danza de la Conquista en la cual cristianos españoles pelean contra los nativos paganos y al final los convierten al cristianismo. Paulatinamente llegaron esclavos negros al Nuevo Mundo y ocuparon una posición intermedia entre españoles e indígenas. Fueron supervisores en las minas, capataces en las haciendas y mayordomos en los palacios de los españoles. Por otro lado existían deidades prehispánicas que se representaban de color negro. En este caso también existe cierto sincretismo. La danza de los negritos se acostumbra en muchas partes de México. Se presentan generalmente muy ricamente vestidos con telas costosas, adornadas con bordados, listones multicolores, lentejuelas, etcétera.
Muchas danzas de origen prehispánico se siguieron escenificando después de la Conquista.

Máscara Diablo Colorado

Máscaras de diablos fueron incorporadas a los ritos

En algunas, los dioses autóctonos se convirtieron en diablos, con el simple ardid de añadirles unos cuernos. En esta forma pudieron usarse burlando la vigilancia de los religiosos. Los indígenas interpretaron muchos bailes enseñados por los misioneros conforme a su religión antigua y de esa manera se formó un sincretismo que subsiste hasta la fecha.
A la temprana edad e intensa época de la Conquista y evangelización, siguieron tres siglos de virreinato. Organizadas primero por los mismos vencedores, luego por los cabildos de las ciudades y poco después por las cofradías de los gremios, la danzas y procesiones con personajes enmascarados se establecieron firmemente, tanto en las ciudades como en el campo. Poco a poco los grandes desfiles se alejaron de las ciudades y se arraigaron entre los grupos indígenas.

El México independiente
En el siglo XIX después de la guerra de Independencia, se ahondaron las diferencias entre los criollos, mestizos de las ciudades y los indígenas campesinos. En estos últimos recayó la organización de las fiestas y danzas. El citadino sólo asistía como un espectador a algunos pueblos cercanos en paseo dominical. En 1910 la Revolución sacudió a México. Tanto el ejército, como las tropas revolucionarias recorrieron el país a lo largo y a lo ancho; gente procedente de los pueblos más recónditos se unió a regimientos. Así, los mexicanos empezaron a reconocerse mutuamente y se percataron de la diferencia de criterios y costumbres que caracterizan a un país pluricultural. Actualmente se hablan en México 56 idiomas indígenas por 56 grupos étnicos, cada con sus propias tradiciones y rasgos culturales.
Máscara barbas largasA diferencia de España, donde el uso de la máscara casi ha desaparecido, en nuestro país es un objeto indispensable para las fiestas. Se usan principalmente para representar a un personaje determinado en una danza o ceremonia. Hay muchas razones para participar en una danza de este tipo: como rito propiciatorio en el que se pide algún favor personal o comunitario; para pagar una promesa o para agradecer un favor recibido; también se portan por mera devoción. Por lo tanto las carátulas, lejos de ser exhibiciones folclóricas, representan un rito importante para la comunidad.
Tarde o temprano, ciertos acontecimientos importantes fueron transformados en celebraciones de este tipo, tanto los recuerdos de momentos históricos como la lucha por la Independencia, la intervención francesa o la Revolución, así como episodios locales. Está por ejemplo, el caso de un circo ambulante que impresionó a los habitantes de un pueblo y ha impactado las danzas tradicionales. Algunas figuras populares, como arrieros, vaqueros y otras que ya se ven poco hoy día, aparecen frecuentemente en una danza.
En la mayoría de las danzas existen una o varias figuras femeninas. Sus máscaras e indumentaria representan mujeres jóvenes, viejas, bellas o feas. Encarnan todos los papeles que la mujer desempeña en la sociedad y a veces se burlan de un comportamiento reprochable, por medio de la actuación. En el pasado las deidades femeninas eran diosas terrestres, relacionadas con la fertilidad; en las sociedades indígenas hasta la fecha es exclusiva de la mujer encargarse de la casa y criar a los niños. Los personajes femeninos son representados por hombres. Esto es probablemente una tradición española, pues se sabe que antes de la Conquista, la costumbre no era así. Sin embargo en los últimos años cada vez participan más mujeres. En el carnaval de Tlaxcala danzan en vez de los hombres y portan antifaces de fina hechura.

Máscara alegre verde

Máscara de rostro sonriente

Características de la máscara
Aparte de su función en las danzas-teatro, cada máscara tiene que afirmarse por sí misma como una obra de arte, y ser contemplada por una sociedad ajena a su significado intrínseco. Aún cuando es preciso tomar en cuenta el contexto del uso al que están destinadas para comprender su verdadero valor, se puede partir de la contemplación de la máscara-objeto para su goce estético. El tratamiento de las facciones suele ser realista, con ciertas variantes. A veces se pretende una fidelidad fotográfica; incluso hay máscaras que son retratos de determinados personajes. Otras son una idealización del rostro. Pero en muchas ocasiones hay distorsiones deliberadas, superposiciones de animales, alimañas o cuerpos humanos, combinaciones de caras de hombres o mujeres con cuerpos y orejas de animales, en fin, toda la amplia gama de expresiones imaginables. Hay semblantes serios, sonrientes y caricaturescos; apariencias malignas, diabólicas, terroríficas, bondadosas y bobaliconas. Las razas que dieron origen al mexicano de hoy se pueden contemplar en caretas de gente blanca y negra. La persona que produce esta enorme gama de máscaras es, por lo general, un campesino, quien además de su oficio de mascarero, se dedica a otras actividades productivas, principalmente al cultivo de su milpa. De su habilidad depende, en gran medida, la continuación de la tradición dancística del país. Este artesano debe poseer también gran creatividad para hacer de cada realización una obra de arte, un objeto siempre fascinante.

Datos de interés
Algunas de las colecciones importantes:
•En la ciudad de México, la colección de Ruth Lechuga (†) se exhibe en su propia casa. Puede visitarla un grupo, aportando un donativo. Previa cita al teléfono: 5553 5538

•En las excavaciones del Templo Mayor, en el centro de la Ciudad de México, se encontraron cerca de 300 máscaras.

•En Zacatecas, la colección de Rafael Coronel se exhibe en el museo que lleva su nombre. Está instalada en las ruinas del antiguo templo y monasterio de San Francisco, construido durante los siglos XVI y XVII.

•San Luis Potosí cuenta con un recinto especial para esta clase de artesanías: El Museo de Las Máscaras

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