Penélope

Por Luis Bernardo Pérez

Artículo publicado en la edición 23 del periódico 1900, en marzo de 1997

 No es que Penélope haya dejado de amar a su anciano marido. Sus sentimientos hacia él son todavía tan firmes como la escollera que defiende a Ítaca de los agravios del mar. Pero es cierto que algunas tardes ella debe disimular el fastidio que le produce escuchar a Ulises contarle, por enésima vez, la caída de Troya, la estancia en la isla de los feacios, su enfrentamiento con el cíclope Polifemo o algún otro capítulo de su prolongada aventura. En esas ocasiones ella añora la época en la cual tejía y destejía —plácidamente en el más completo silencio— el delicado velo de la espera.

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