Quienes han pisado este gran recinto, seguramente se habrán magnificado ante su arquitectura que —aún con su tamaño— sobresale entre los edificios de la zona de Polanco, lo que confirma su popular nombre «El Coloso de Reforma» como se denomina al Auditorio Nacional.

Artistas de renombre han estado en su escenario, logrando llenar cada rincón del Auditorio, lo que incluye 10,000 butacas que han sido ocupadas por las más diversas personas. Tras bambalinas hay mucho trabajo, en ocasiones los espectáculos se montan en menos de 24 horas y aunque el espectador no ve ese aspecto, lo disfruta cuando se emociona desde su asiento.

El Auditorio ha sido marco para espectáculos de baile, música, teatro, ópera y un sin fin de eventos culturales. En el pasado, fue ocupado para la toma de protestas presidenciales, entre ellas las de Luis Echeverría y López Portillo. Sin embargo, vale la pena saber que este Coloso no siempre fue sede de eventos culturales y políticos.

En las Olimpiadas de 1948, el General Humberto Mariles demostró la capacidad que México tenía en la Equitación, obteniendo la medalla de oro para nuestro país. Derivado de ello, el entonces presidente, Miguel Alemán cedió terrenos aledaños al Campo Marte para promover las actividades ecuestres incluyendo caballerizas, espacio de servicio para caballerangos, granero y un teatro principal. Todo el recinto estuvo a cargo de los arquitectos Fernando Parra Hernández, Fernando Beltrán Puga, Fernando Peña Castellanos y Óscar de Buen. Entonces el 25 de junio de 1952 fue inaugurado aún sin estar completamente construido.

Con el cambio de presidencia, Adolfo Ruiz Cortines ordenó —siguiendo una política de austeridad— detener la construcción del Auditorio, para ocupar los recursos en proyectos distintos. El cambio fue arduo, el granero de las caballerizas se convirtió en un escenario circular, dando origen al teatro «El Granero», más tarde la Unidad del Bosque (compañía teatral) comenzó a extenderse al resto del recinto. La construcción llegó a su fin en 1955, creando el Auditorio Municipal, que más tarde fue nombrado como «Auditorio Nacional».

El lugar comenzó a tomar identidad, convirtiéndose en uno de los más importantes en México, donde grandes artistas cumplían el sueño de estar frente a 10,000 personas.

Durante las décadas de los ochenta el Auditorio tuvo una importante remodelación, proyecto encargado a los arquitectos Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. Se reinauguró en 1991, lo que daría lugar a la nueva etapa del Auditorio que ofrecería espectáculos nacionales y extranjeros de enorme trascendencia. Ha recibido dos importantes premios: el Pollstar Award (en 2003) por mejor recinto internacional y el Billboard Touring Award por la misma razón, en 2007.

Adicionalmente, el «Paseo de las Lunas» alberga cada año la entrega del reconocimiento que hace el Auditorio Nacional a los artistas de éxito desde el 2002, en el evento «Las Lunas del Auditorio». En «El Paseo» los artistas ganadores de «Las Lunas», dejan sus nombres sobre el paseo, a los pies de las escalinatas. A un lado de las escalinatas se puede admirar la escultura del Arquitecto González de León, que ilustra a tres sujetos dialogando, entrelazados por el arte y cuya réplica en escala se entrega a los artistas reconocidos.

Entrar al Auditorio Nacional es toda una experiencia, el espectador sabe que seguramente vivirá un momento inolvidable, quizá uno de los mejores de su vida.