Agustín Lara «El Flaco de Oro» el personaje, la leyenda y sus canciones

Por Isauro Monroy

A pocos compositores se les quiere y reconoce tanto en México como a Agustín Lara. No es para menos, el llamado «Flaco de Oro» es probablemente uno de los músicos más trascendentes de que se tenga noticia. Sus más de 700 composiciones son aún recordadas, añoradas e interpretadas, dentro y fuera de nuestro país.

¿Quién no ha tarareado un pedacito de «Solamente una vez» o de «Farolito»?, ¿habrá acaso algún escucha que no se haya conmovido por «María Bonita»? o ¿quizá algún jarocho que no se sienta orgulloso cada vez que escucha «Veracruz»? ¡Imposible! El Maestro Lara era justamente un experto en mover emociones a través de sus letras y su música y así se convirtió en leyenda

De Tlacotalpan, Veracruz, para el mundo

Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara Aguirre y del Pino, —nombre completo de nuestro personaje— nació en Tlacotalpan, Veracruz, en 1897; aunque algunos expertos en su biografía apuntan que en realidad nació en Coyoacán, en la Ciudad de México, en 1900. Lo cierto es que Lara siempre se ostentó como veracruzano.

Se dice que perteneció a una familia con cierta solvencia, lo que le permitió estudiar en el colegio Liceo Francés en su estado natal. Posteriormente, llegaría al barrio de Coyoacán en la Ciudad Capital para quedar bajo el resguardo de una de sus tías, donde descubriría su pasión artística.

Desde muy pequeño, Agustín mostraba interés por la música haciendo sus pininos en el piano. Llama la atención que, desde entonces, se caracterizó por ser un músico de oído; sin embargo, la falta de técnica para la lectura formal de partituras no fue impedimento para desarrollar su talento. Ya con más ímpetu juvenil, Lara empezó a tocar el piano en los lugares donde se lo permitían: mayormente en burdeles. Ante el escándalo de la familia, terminó por ser ingresado en la Academia Militar a efecto de que retomara el camino con la disciplina marcial, incluso participó en el movimiento revolucionario.

No obstante, Lara estaba destinado a seguir otro destino y abandonó la Academia para retomar su inclinación musical interpretando nuevamente el piano en bares, cafés y sitios nocturnos que le servirían de inspiración para sus primeras composiciones.

Agustín Lara y su interminable lista de parejas

Lara —de apenas 20 años— se casó con Esther Rivas, matrimonio que terminaría en divorcio por las infidelidades del músico. En ese entonces surgió el incidente que dejaría una cicatriz en la cara del músico. Algunos dicen que fue generada por una mujer despechada que lo hirió con una botella.

A decir de los especialistas en el tema, una de las mujeres más importantes en la vida de Agustín fue Angelina Bruschetta quien se convirtió en su esposa en 1928. Al ser hija del dueño de un gran cabaret llamado «Salambó», Lara encontró el escenario ideal para desarrollarse, además de que realmente estabilizó su vida amorosa al lado de Angelina. En el cabaret conoció a personajes como Juan Arvizu para quien compuso unas de sus primeras piezas. Para Angelina también fue una relación muy importante, de hecho, escribió un libro en el que narra pasajes de su historia, como cuando «El Flaco» compuso «Mujer» en el piano que tenían en su casa de recién casados. A pesar de que la relación duró 10 años, cuenta la leyenda que Angelina falleció siempre enamorada de Agustín.

Después de Angelina, Lara se relacionó con otras mujeres como Clarita Martínez, Yolanda Santacruz Gasca «Yiyí», Rocío Durán (su última pareja) y el inolvidable idilio con María Félix en los años cuarenta. Esa unión fue una de las más célebres en México; dos personajes entrañables habían decidido unirse formando una pareja inolvidable. Su casa fue el centro de reunión de interminables tertulias a las que asistían los artistas, músicos, escritores y bohemios famosos de aquel tiempo. Ambos gozaban de gran popularidad y fama: Agustín aprovechó el momento para componerle canciones a su musa «María Bonita», «Noche de ronda» y «Aquel amor». ¿Recuerda usted esta hermosa letra?

«Acuérdate de Acapulco, de aquellas noches

María Bonita, María del Alma.

Acuérdate que en la playa

con tus manitas las estrellitas las enjuagabas.

Tu cuerpo del mar juguete, nave al garete,

venían las olas, lo columpiaban,

y cuando yo te miraba,

lo digo con sentimiento,

mi pensamiento me traicionaba…»

Desafortunadamente, el matrimonio con «La Doña» duró apenas dos años. La ruptura —aseguran quienes los conocieron— se debió a los celos desmedidos de Agustín. Aunque uno no puede dejar de preguntarse, ¿quién no se sentiría celoso teniendo a María Félix como pareja?

Más allá de la lista de mujeres que acompañaron al compositor, resalta su romanticismo, su capacidad de hablarles al oído para seducir; lo que se nota claramente en las letras de sus canciones.

La producción musical de Lara y sus intérpretes

1931 fue un parteaguas en la historia de Agustín Lara, pues en ese año encabezó la llamada «Hora Azul», programa de la XEW, la importante emisora de radio, y gracias a ese espacio popularizó aún más sus producciones musicales. El escenario sirvió para que grandes voces interpretaran sus composiciones como Ana María Fernández y Toña «La Negra».

Al año siguiente tuvo su primera gira fuera de México y particularmente «Farolito» cobró gran fuerza en el auditorio europeo y latinoamericano. Para 1935, se planeó una gira nacional acompañado del tenor Pedro Vargas, quien le pondría su toque único a las canciones de Lara, construyendo así un binomio musical inigualable.

Agustín Lara preparó espectáculos a modo de revistas musicales que marcaron historia tales como «Pecadora», «Revancha», «Mujeres de mi vida» y «La mujer que yo amé»; entre otros.

El éxito perseguía a nuestro personaje y muy pronto Hollywood se interesó en su obra. A pesar de lo espectacular de la propuesta, lo cierto es que Agustín nunca acabó de acomodarse en la frivolidad norteamericana y al final, prefirió enfocarse en la industria nacional.

De hecho, tuvo gran participación en las bandas sonoras de muy famosos filmes como «Santa», «Noche de ronda», «México lindo», «Humo en tus ojos», «Señora tentación» y «Aventurera»; entre muchas otras. Ésta última aún conserva fama y gusto entre el público que disfruta las noches de cabaret con el toque que solo «El Flaco» le sabía dar.

Adicionalmente colaboró en algunas películas como actor. Es el caso de «Perdida» (1950), con Ninón Sevilla; «La mujer que yo amé» (1950), con Elsa Aguirre y «Mi campeón» (1952), comedia de enredos en la que compartió créditos con Libertad Lamarque, además de componer la música romántica para la cinta.

Como hemos dicho, en el legado de Agustín Lara se cuentan más de 700 canciones. Muchas de ellas son piezas románticas que inmortalizaron su talento, sin embargo, sería injusto decir que solo escribió boleros, ya que el compositor produjo también pasos dobles, baladas, tangos, canciones tropicales y hasta una opereta «El pájaro de oro». Entre las canciones más recodadas podemos citar: «Arráncame la vida», «Veracruz», «Azul», «Mujer», «Farolito», «Noche de ronda», «Piensa en mí», «Solamente una vez», «Madrid», «Amor de mis amores» y tantas y tantas más que sonaron en la radio y en las tornamesas de su tiempo. Llaman la atención las canciones dedicadas a España, tierra con la que Lara se había encariñado de manera especial y se cuenta además que compuso «Granada» y «Madrid» antes de haber visitado tales sitios. A ello se unen sus creaciones «Cuerdas de mi guitarra», «Españolerías», «Organillero» y por supuesto, «Lamento español», solo por citar algunos ejemplos. Bajo el régimen de Franco, le fue otorgada la distinción de «Ciudadano Honorario de España», gesto que no fue precisamente bien recibido por la colonia española en México.

Como buen aficionado a la fiesta taurina (en la que se dejaba ver trayendo del brazo a «La Doña») se inspiró en esos ambientes para dar vida a las magníficas canciones «Fermín», «Novillero» y «Silverio».

Las canciones de Lara cuentan con un amplio listado de intérpretes igualmente famosos. Por ejemplo: Pedro Vargas, Amparo Montes, Daniel Santos, las Hermanas Águila, Chela Campos, Graciela Naranjo, Libertad Lamarque, Pedro Infante, Los Panchos, Chavela Vargas, Javier Solís. Y en épocas más recientes sus éxitos han formado parte del repertorio de cantantes como: Luis Miguel, Vicente Fernández, Luz Casal, Rocío Durcal, Natalia Lafourcade, Fiilippa Giordano, Andrea Bocelli y Fernando de la Mora; entre otros.

El público gustaba del mismo Lara interpretando su repertorio, y aunque no su voz no era la más virtuosa, el sentimiento que le impregnaba el Maestro al piano no se encontraba en ninguna otra persona.

Las letras de las canciones de «El Flaco» son una joya   y por eso, se le considera uno de los más grandes boleristas de su tiempo. Algunos otros, lo califican de poeta y para muestra un fragmento de la hermosa canción «Janitzio»:

«Son las redes de plata un encaje tan sutil

mariposas que duermen en la noche de zafir,

como brilla la luna sobre el lago de cristal;

así brillan tus ojos cuando acaban de llorar.

¡Noches de serenata de plata y organdí,

quejas para la ingrata que por traidor perdí!

Plenilunio de gloria, historia que se va,

ilusión que se pierde y que nunca volverá»

Su vida artística no estuvo exenta de críticas y polémicas, sobretodo alrededor de las canciones dedicadas a mujeres fatales. En la década de los treinta, el entonces Ministerio de Educación censuró las letras de sus canciones bajo la etiqueta de «inmorales». Como sucede frecuentemente con ese tipo de fenómenos, la censura solo aumentó la popularidad del músico.

El personaje que surgió de las partituras

Parte del éxito de Lara estaba también en el personaje que supo construir. Desde la característica cicatriz que le cruzaba el rostro, su gesto a veces sufrido y el cigarro en mano, todo lo que rodeaba a Agustín (incluidas sus mujeres, la noche y la música) ayudaron a construir un figurín difícil de olvidar.

Su espigada figura arropada con sombreros y trajes finos nos hablaban de un dandy, de un caballero que sentado en el piano dejaba escapar las notas de sus más bellas melodías para arrancar suspiros entre sus seguidoras. Muchos se preguntaban cuál era el secreto de su poderosa atracción ante las mujeres; lo que al parecer encontramos en la suma de fama, talento y actitud. Su fotografía aparecía constantemente en los periódicos y el público permanecía atento a las nuevas canciones y sus nuevas conquistas ¡ya era una leyenda!

La partida de «El Flaco»

El 6 de noviembre de 1970 México sufrió la irreparable pérdida de Agustín Lara derivado de un infarto. Su salud se veía deteriorando a raíz de una caída accidental que lo retiró de la vida pública. Así que su debilidad y posiblemente, la falta de contacto con su público provocó que falleciera en la ciudad capital. Fue velado en el teatro de la Sociedad de Autores y Compositores de la Música y posteriormente en Bellas Artes.

Por decreto presidencial, de Gustavo Díaz Ordaz, sus restos se llevaron a la Rotonda de las Personas Ilustres en el Panteón Dolores de la Ciudad de México.

Actualmente en Boca del Río, Veracruz, es posible visitar la Casa Museo «Agustín Lara» conocida como «La Casita Blanca» que perteneció al compositor y después de su muerte fue restaurada por el Instituto Veracruzano de Cultura y la Asociación Civil «Amigos de Lara». La Casita reúne documentos, fotografías y objetos relacionados con la vida de «El Flaco», con la idea de preservar y difundir su aportación musical al mundo. La muestra se complementa con expresiones artísticas y musicales que le dan vida a La Casita.

A «El Flaco de Oro» se le recuerda con cariño y añoranza en sus aniversarios, en México y España; pero muy particularmente cada vez que alguien escucha y se conmueve con alguna de sus canciones. Sus aportaciones construyeron la historia de la música mexicana y han acompañado a diversas generaciones en su transitar por la vida romántica y poética desde el siglo pasado.