Dulce, hermosa, talentosa y al mismo tiempo con fuerte presencia, así fue Luz Elena Ruiz Bejarano, mejor conocida en el mundo de la música ranchera como «Lucha Villa».

La «Embajadora de la Canción Ranchera» —como fue llamada— tenía una voz profunda, sensual, hecha; como dirían algunos, específicamente para cantar ese género tan especial que es la música ranchera mexicana.

Nació el 30 de noviembre de 1936, debutó a los 10 años en un concurso de canto infantil y profesionalmente en 1961, año en que grabó su primer disco.

Participó en el cine mexicano con 72 películas que le valieron ganar dos «Arieles» y dos «Diosas de Plata». De 1964 a 1976 —que fueron los primeros veinte años de su carrera musical— ganó 12 «Globos de oro».

En 1987, al cumplir 25 años de carrera, el Gobierno del Distrito Federal le hizo un homenaje en el Teatro de la Ciudad y cantó con el Mariachi Vargas de Tecatitlán y la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México.

Por diez años más filmó películas y discos que se volvieron muy famosos. Uno de los más significativos fue el que grabó al lado de Juan Gabriel interpretando sus canciones. Su última gran aparición fue en el homenaje que se rindió a la música mexicana haciendo trío con Lola Beltrán y Amalia Mendoza, en 1996.

En 1997 se hizo un procedimiento quirúrgico estético y tuvo complicaciones, estuvo en coma por dos semanas y aunque regresó del coma quedó con problemas motores y de lenguaje debido a un daño cerebral.

Actualmente tiene 81 años y vive en el retiro en San Luis Potosí bajo el cuidado de sus hijas y familia.

Los inolvidables atuendos de Lucha

¿De qué otra forma Lucha Villa destacó además de su voz potente y cautivadora? A través de su vestuario en el escenario al cantar ranchero.

Mujer de altura, con un porte magnífico y una belleza extraordinaria salía vestida acorde a la ocasión.

Podía vestir un traje de mariachi para mujer con una falda, cuya botonadura lateral de oro y plata hacía resaltar la vestimenta. Como podía utilizar un vestido ultra femenino y escotado de la usanza de los años 20.

En sus espectáculos y películas vistió con mucho garbo: trajes norteños, el tradicional vestido chiapaneco de colores, el blanco y vaporoso vestido de las veracruzanas, el entallado vestido del cabaret de los años 40, el blanco y recto vestido de las mujeres de Mérida, el típico huipil y muchos otros más.

Dos accesorios fueron muy importantes en el vestuario de la cantante, los del cabello y los chales, rebozos y jorongos para sus hombros.

En el cabello, —acorde al vestido— utilizaba desde un sombrero de charro de ala ancha lleno de chaquiras y lentejuelas, hasta un moño de lazo ancho para adornar su negro cabello, al vestirse de china poblana para cantar.

Sus sombreros de charro hacían juego con el vestido en turno, los había rojos, verdes, caqui; todos llenos de brillantes adornos que personalizaban cada vestuario.

Es famosa por el uso de los más hermosos rebozos mexicanos, por los chales de colores brillantes e intensos y por lucir jorongos coloridos y de finísimos telares mexicanos.

Era común verla aparecer con un rebozo o un jorongo puesto en su hombro derecho que complementaba el atuendo y lo hacía digno de una reina mexicana de la música.

Si bien su carrera terminó desde el trágico evento médico del que ya conversamos, su música, sus películas, su porte, su garbo, su imagen, su vestuario perdura hasta el día de hoy y seguramente por mucho, mucho tiempo más.

¡Qué viva la Grandota de Chihuahua, la mujer de voz sensual e imagen impecable!