«Me gustan las historias

donde las mujeres

se salvan a ellas mismas»

Neil Gaiman (1960)

Autor inglés de historietas y escritor de fantasía.

¡Qué sería de nuestra historia sin las grandes divas de otros tiempos! Uno de mis personajes femeninos favoritos es Esperanza Iris (1884-1962) la llamada «Reina de la Opereta».

A pesar de ser una protagonista de su tiempo, su vida apenas recientemente empieza a ser destacada por historiadores como un referente importante para la música en México. Además de ser una talentosa cantante, Esperanza también fue empresaria y construyó el famoso «Teatro de la Ciudad», uno de los recintos más hermosos del centro de la ciudad capital.

La vida de Esperanza no fue fácil, pero siempre le puso buena cara a la adversidad; por ejemplo, cuando su marido —Paco Sierra— estuvo preso en Lecumberri; además de apoyarlo, organizó un coro en la penitenciaría.

Así que siguiendo los pasos de mi admirado personaje visité Caminando y Escribiendo el actual «Teatro de la Ciudad Esperanza Iris», que fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1987.

Esperanza se refería a su teatro como «un novio ingrato» pues, aseguraba, la hacía llorar todos los días.

Cierro los ojos para imaginarme al presidente Venustiano Carranza llegando con su gabinete a la puerta neoclásica del teatro; terminaba la época revolucionaria y entonces se acostumbraba asistir a los teatros de revista para divertirse. El público llegaba entusiasmado corriendo por la entonces calle de Donceles.

Las mujeres solían participar como bailarinas o cantantes, pero pocas veces se veía a alguna empresaria. La diva no estuvo presente cuando se colocó la primera piedra porque se encontraba de gira, con lo que podía ganar lo suficiente para pagarles a los trabajadores de su teatro. Cuando sus ganancias no alcanzaban, vendía sus posesiones para cumplir con los pagos comprometidos.

Se dice que Esperanza y los arquitectos encargados del proyecto (Ignacio Castillo y Federico Mariscal) soñaron con un recinto parecido a «La Scala» de Milán, Italia. Me imagino todo lo que su dueña tuvo que invertir para conseguir las columnas de mármol, la herrería y los candiles. Cuando al fin se inauguró, «La Reina..» caminó orgullosa por el escenario y se dice que interpretó «Amor y Olvido» en agradecimiento a los asistentes. Al final del acto, los obreros empuñando sus herramientas festejaron la apertura y Esperanza recibió gustosa los aplausos del público.

Uno de los primeros retos del teatro de Esperanza fue subsistir cuando Bellas Artes fue inaugurado en los treintas.

En poco tiempo, además tuvo que competir también con diversiones de otro tipo: la gente empezaba a privilegiar el radio y los cines. Sin embargo, el recinto sobrevivió a todos esos retos; a veces como cine, otras como teatro.

Es curioso, pero los esfuerzos por preservar el teatro continúan. En 1984 un terrible incendio consumió parte importante del recinto, dañando además parte de la fachada. Tuvo que pasar una década para que el teatro se rescatara con la presentación del espectáculo «Viva la Zarzuela» bajo la dirección de Plácido Domingo. Casi puedo sentir a «Su Majestad» emocionada desde el cielo de las divas, cuando recuerdo esta anécdota.

El sueño de Esperanza sigue vivo y quizá más vivo que nunca porque en este magnífico escenario se han presentado artistas de renombre como Fernando de la Mora, Joan Manuel Serrat y Marcel Marceau; entre muchos otros más.

¡Dios salve a la Reina! porque gracias a su ímpetu y constancia la música mexicana cuenta con un gran teatro, símbolo de tenacidad y entrega.