Por Bernardo Hernández

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Este artículo fue publicado en la edición 36 del periódico 1900, en mayo de 1998

Este verano hay un color que renueva nuestra capacidad de asombro y es, al mismo tiempo, la vía de acceso más rápida para acceder a la comodidad, la frescura y lo chic: el blanco. Temporada tras temporada, los diseñadores enfrentan la tarea que resulta tan complicada como interesante. Se trata de darle un giro innovador a todo aquello que ya se ha visto, y que por su funcionalidad, vuelve cada estación para confirmar que nunca pasará de moda. En esta época de calor, el blanco regresa con más fuerza que nunca. Desde Tokio hasta Nueva York, este color (o suma de todos los colores) fue una de las pocas pautas que brindó homogeneidad al cada vez más disperso panorama actual. Sin embargo, esta pluralidad nos permite tener una mayor libertad de selección, a la vez que enriquece nuestra perspectiva sobre una tonalidad de la cual, aparentemente, ya se ha dicho todo.

Más allá de discusiones sobre su carácter atemporal, el blanco es un elemento fundamental para el guardarropa de verano. Isaac Mizrahi, uno de los representantes más exitosos de la escuela estadounidense de diseño, hizo de su pasarela primavera-verano 98 un claro ejemplo de la multiplicidad que puede brindar un solo color. Sus opciones, tanto para el día como para la noche relajada e informal, tomaron el blanco como complemento, no como tonalidad. En un micro corsé, Mizrahi lo combina con pantalón y saco color crudo. Acompañado de una camisa de ramio transparente, el blanco se lleva en pantalones formales de corte masculino. Las faldas a la rodilla son el toque femenino actual para blusas de los más diversos estilos: con los hombros descubiertos, con un estratégico drapeado lateral, o bien (para quienes prefieren lo básico), con un sencillo escote en «V».

Por su parte, la firma Icebreg exploró posibilidades más arriesgadas. Su versión del blanco nocturno es brillante, fluida y sexy. Una de las alternativas es el juego de las transparencias, el bikini y la fuerza de los destellos metálicos; otra más plantea la sensualidad como punto de partida para otorgar al blanco un mensaje que nada tiene que ver con la inocencia.

Definitivamente, este es el mejor momento para lucir esa prenda blanca que estaba guardada, con la seguridad de que no hay nada mejor que volver a los básicos.